La Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) ha vuelto a marcar el pulso de los mercados financieros globales tras enviar señales inequívocas de cautela respecto al ritmo de flexibilización de su política monetaria. Jerome Powell, presidente del banco central, reiteró en su última comparecencia que la solidez del mercado laboral y la persistencia de presiones en el sector servicios obligan a la institución a calibrar cada paso con extremo rigor.
El mensaje provocó una reacción inmediata en los mercados de renta fija y variable. El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años, referencia clave para el coste del crédito global, repuntó con fuerza superando la cota del 4,25%, reflejando que los inversores han comenzado a descontar un ciclo de recortes mucho más gradual y espaciado de lo proyectado a principios de año.
En Wall Street, los principales índices reaccionaron a la baja. El S&P 500 y el Nasdaq cedieron terreno ante la presión ejercida sobre los sectores de crecimiento y tecnológico, especialmente sensibles a tipos de interés elevados de manera prolongada. Por su parte, el dólar se fortaleció frente a una cesta de divisas internacionales, ampliando su diferencial frente al euro y la libra esterlina.
«La economía estadounidense no está enviando señales de que debamos apresurarnos a bajar los tipos», señaló Powell, subrayando que la convergencia de la inflación hacia el objetivo del 2% dista de ser lineal. El último índice de precios al consumidor (IPC) y los datos de gasto en consumo personal (PCE) mostraron cierta resistencia a la baja en el componente subyacente.
Los analistas de Bolsa Métrica destacan que el escenario base para los próximos trimestres se inclina hacia una política de ‘higher for longer’ más prolongada de lo previsto, lo que introduce volatilidad adicional en las carteras de activos de riesgo y obliga a los gestores de fondos a reequilibrar sus coberturas en deuda soberana.


